La Señora Purificacion
Era la niña de la que todos querían ser padres, Purificación se crió en uno de esos hogares de arraigado catolicismo, quizás de allí le viene el nombre; en las mañanas su madre Maria Gracia, solía llevarla tomada de la mano al Colegio Santísima Trinidad, en donde recibió la mas completa y formal educación católica. Los años hicieron de la pequeña Purificación una muy querida y linda jovencita, era el orgullo de su madre quien ya la imaginaba de hábito, y en un convento de la Congregación de las Hermanas Terciarias Capuchinas, pero esta vez el sueño de Maria Gracia se estrellaba con las ganas de Purificación, quien ya le tenía color al vestido que luciría en su carrera.
Cuando Purificación cobro el suficiente valor para enfrentar a su madre y decirle que ella no quería ser una monja, y que había decidido servir a dios de otra forma, y no como ella esperaba, la reacción de esta no fue otra que el silencio, y que clase de silencio, el mas largo de todos, no le habló durante casi un año, hasta que aconsejada por vecinos y amistades, decidió un día acercarse y sentarse junto a ella a los pies de un frondoso apamate.
—Hija, ¿Que quieres de la vida? —dijo María Gracia a una Purificación que no salía de su asombro.
—Ser feliz —, respondió Purificación con mucha seguridad
—y para ti, ¿Qué es ser feliz?
—Ponerme un uniforme blanco y caminar por los pasillos de un hospital atendiendo enfermos, esa también es una forma de servir a dios, ¿no lo crees así mamá? —dijo Purificación ante el asombro de su madre.
Maria Gracia permaneció callada sin poder decir palabra, era la primera vez que escuchaba a su hija hablarle con tal convicción, y en ese momento sintió que contra eso no podía luchar.
Los años hicieron de Purificación una gran enfermera, lo que le ganó un puesto en un hospital de la capital. Los días de muchacha de provincia llegaban a su fin, y los días de mujer soltera también. José no era el más atractivo, pero a los ojos de purificación ese hombre que temblaba como un niño mientras ella le limpiaba una herida que se hiciera en un accidente de cocina, era lo suficientemente interesante y dueño de unas cualidades que lo convertían en el ideal de padre de familia que ella siempre imagino para sí. José se convirtió en su novio y tiempo después en su esposo, eran una pareja con un futuro prometedor; el un aventajado abogado y ella una gran enfermera con un empleo estable.
Todo transcurría felizmente en el hogar de Purificación y José, los hijos no tardaron en venir; Manuel y trinidad se llamaron los vástagos de la feliz pareja, lejos quedaron los años de nuestra señora en su natal pueblo de provincia. Los días de Purificación ahora eran muy activos; se levantaba muy temprano en la mañana, preparaba el desayuno de los niños y el de José, luego se despedía amorosamente de su marido y partía con los pequeños rumbo al colegio, mas tarde en su pequeño auto francés conducía hasta el hospital geriátrico en donde ya había alcanzado el rango de jefa de enfermería del piso cuatro, donde se encontraban los ancianos con enfermedades terminales. El fin de la jornada no era muy diferente; llegaba a casa a preparar la cena, revisar la tarea de los niños, escuchar historias de litigios que José le contaba, después a la cama, y si José se animaba, algo de sexo, pero casi siempre muy rápido para el apetito de purificación.
Con el tiempo la rutina fue haciendo mella en el animo de Purificación, se sentía inmersa en un ciclo que se repetía día a día, no había cambios, José cada día tenia mas trabajo y menos tiempo para ella…, hasta que un día que no parecía ser diferente a los demás, ocurrió algo que cambiaria todo. Una vez al mes y quizás para congraciarse con el recuerdo de su madre, y para reconciliarse con su fe católica, purificación destinaba un sábado por la noche al mes al cuidado gratuito de enfermos en el hospital psiquiátrico, ese sábado no parecía ser diferente al anterior ni al que le precedió, salvo por lo que después ocurrió… El camino al hospital fue particularmente largo, estaba lloviendo y había un trafico desquiciante, y ya en el hospital las cosas no fueron muy diferentes, al franquear la puerta principal se encontró con una vieja amiga de la infancia con la que no le gustaba toparse; era también enfermera y se había casado con un eminente cirujano plástico que había hecho de ella un clon de Sofía Loren en sus veinticinco años, era el tipo de mujer que disfrutaba presumiendo de lo que tenia, y esto le era mucho mas placentero si su interlocutora era Purificación.
—Hola Puri, te conservas muy bien a pesar de tu edad, —dijo cecilia mientras miraba a purificación de arriba abajo.
—Y tu como siempre tan natural y tan amable Ceci, —contesto Purificación tratando de mostrar su sonrisa mas irónica.
Ya en el elevador Purificación se sintió mas aliviada, sobretodo por la ausencia de Cecilia su vieja y nada querida amiga, el numero seis se ilumino en el panel de control, y fue como si una señal de alarma se hubiese activado; ¿Cómo estará el animo de David?, —se preguntaba Purificación, pensando en el enfermo que le tocaba cuidar esa noche. David era paranoico y esquizofrénico, normalmente estaba sedado, pero con frecuencia se encontraba muy lucido, cosa que era preocupante. Pero definitivamente este era un día extraño en la vida de Purificación, al acercarse al cubículo de seguridad para solicitar acceso a la habitación de David, el oficial de seguridad que ya le conocía le informo que David ya no estaba con ellos ni lo estaría nunca mas, pues se había suicidado… esto dejo sorprendida a Purificación, pues en medio de todo ya le tenia mucho afecto, pero mucho mas se sorprendió cuando el gendarme le contó como había sido.
Ya en su auto y fuera del hospital Purificación seguía pensando en las razones que habría podido tener David para hacer lo que hizo y de la forma en que lo hizo; ¿Pero quien conoce las razones de la locura? —se preguntaba Purificación, como poniendo punto final con una interrogante que no tendría respuesta.
Ya había dejado de llover y para calmar los nervios que ya tenia crispados, Purificación decidió dar un paseo en su coche, para quizás relajarse y no llegar tan temprano al tedio en que se había convertido su hogar; la avenida del boulevard estaba poco transitada, eran ya pasadas las ocho y la lluvia había ahuyentado a la fauna nocturna que solía desfilar por las aceras empedradas, solo algunos borrachos y prostitutas habían iniciado su ronda… el aviso luminoso que rezaba Lunabar, llamo la atención de Purificación, paso lentamente al frente y le pareció un sitio decente.
Purificación bebía muy poco, lo hacia en reuniones sociales y siempre en compañía de su esposo, pero esta noche como ninguna otra en su vida quería estar sola y beberse unos tragos sin mas compañía que la de su copa, sin embargo no podía evitar sentir algo de temor ante el hecho de entrar sola a un sitio nocturno, pero finalmente las ganas pudieron más que los temores y se decidió a pasar… El Lunabar era uno de esos lugares ya entrado en años y frecuentado por hombres en busca de sexo, y por mujeres en busca de hombres que pagasen algo por un rápido encuentro de pieles y un poco de sudor, Purificación cruzo el portal ante la mirada incisiva y escrutadora del portero, al que le pareció extraña la presencia de una mujer muy recatada, atractiva y ya contando más de tres décadas, quizás cercana a los cuarenta, —tal vez es una esposa en busca de un marido infiel, —pensó mientras ella se dirigía a un sofá para dos muy bajo que tenia una mesa de vidrio con bordes acolchados y se encontraba al fondo en un rincón poco iluminado y lejos de la barra.
Desde su lugar Purificación tenia una vista privilegiada del lugar, se sentía extraña y le pareció que estaba en un lugar poco recomendable para ella, todas las mujeres que había vestían ropa muy corta y en el peor de los casos transparente y en extremo reveladora, aunque lo que mas le sorprendió fue una mujer negra y muy pero muy gorda que llevaba una falda tan corta que llegaba a revelar parte de su desnudez, tal espectáculo no hizo mas que inflamar los temores de Purificación y provocar en ella un deseo irrefrenable de marcharse, pero el destino no quiso que las cosas fueran así
Ya de pie y dispuesta a marcharse, Purificación observo la figura de un diminuto hombrecito que vestía de mesonero y apuraba el paso hacia ella llevando una bandeja con una copa llena de una bebida color naranja. El hombrecito ciertamente no era un enano, pero estaba en el umbral entre serlo y no serlo, la sonrisa del hombrecito en contraste con su cuerpo era grotesca, su boca era enorme y sus dientes lo eran aun más. —Señora, este trago se lo envía el señor que lleva el traje de tweed allá en la barra, —dijo con una voz infantil y chillona mientras dejaba el trago en la mesa. —Gracias… —dijo Purificación titubeante y sin poder ocultar que la presencia del hombrecito la turbaba. Purificación miro la pequeña figura alejarse de su mesa en dirección al hombre del traje, no sabia si marcharse o sentarse nuevamente y aceptar el trago, finalmente y por no ser descortés decidió tomarse el trago para después largarse.
El Orange´s Dream, trago que Purificación no conocía, tardo poco tiempo en desvanecerse de su copa, y aun sin haberlo terminado el diminuto hombre ya estaba en la mesa con otro igual sin darle tiempo a Purificación de aceptarlo o rechazarlo, lo dejaba en la mesa, hacia girar su pequeña humanidad y volvía a perderse en la oscuridad del bar. —Si había tomado ya uno, dos no eran mucho mas, —pensaba Purificación mientras apuraba su segundo trago. El hombre del traje aun era un misterio a los ojos de Purificación, pues desde su ubicación solo alcanzaba a mirarle la espalda, aunque si podía notar que no era muy alto y que también era un poco obeso y dueño de una incipiente calva; Purificación miraba el reloj para confirmar que aun era muy temprano y no había problema en quedarse un rato mas, —pero, ¿para que? —se preguntaba a si misma sin encontrar una respuesta.
Dos Orange´s Dream mas tarde Purificación comenzaba a sentir el alcohol subiendo a su cabeza y ganándole terreno a su voluntad, era extraño pero a pesar de no sentirse totalmente a gusto en el Lunabar no podía evitar las ganas de quedarse un rato mas… solo cuatro mujeres mas estaban en el sitio, y se encontraban al extremo de la barra y lejos de Purificación, el único cliente era el hombre del traje de tweed, que aun seguía de espaldas en la barra. Los acordes de un mariachi entonando un viejo corrido eran los únicos que rompían el silencio en el bar, Purificación permanecía sentada sumida en sus pensamientos, sintiéndose incluso un poco culpable por encontrarse allí en ese sitio que obviamente no era para una mujer como ella, y mientras esto ocurría no alcanzo a mirar que el hombre de la barra, quien le había estado enviando tragos se dirigía hacia ella.
La voz grave aunque ahogada un poco por el ruido de la música sorprendió a Purificación que se hallaba ensimismada en sus pensamientos, —buenas noches, me puedo sentar, —dijo el hombre del traje de tweed, mostrando una mirada amable y sincera. —Si, siéntese allí, —Respondió Purificación con el semblante tenso y mostrando una sonrisa nerviosa, — ¿usted como se llama?, —pregunto el hombre mientras tomaba asiento a su lado. —Purificación, me llamo Purificación, —dijo casi sin atreverse a mirarle el rostro. —es un nombre interesante, si, muy interesante, sobre todo tratándose de este lugar, —dijo el hombre del traje de tweed mientras observaba la esquiva mirada de la mujer que tenia al frente. — ¿Por qué lo dice?, —pregunto Purificación, esta vez con mas confianza y mirándole a los ojos. —La pureza no es algo que abunde por acá, —contesto, desviando la mirada hacia el escocés que sostenía en la mano derecha.
Las copas y la oscuridad del Lunabar se convirtieron en acogedor escenario para Purificación, que ya se comenzaba a sentir a gusto aunque algo inquieta por la presencia del hombre del traje de tweed. —siéntase cómoda, mi nombre es Antonio y soy un viejo cliente de este bar, y conmigo esta segura, —agrego tratando de ganar la confianza de Purificación. —Esta bien, lo que pasa es que no suelo frecuentar
estos sitios, —dijo Purificación mientras la imagen de su José que estaba en casa acudía a ella en forma perturbadora. La conversación y el alcohol no paraban entre Purificación y Antonio, bastaba que solo quedase un tercio del contenido en la copa, para que con prontitud el hombrecito de grotesca boca acudiese a la mesa con otra llena. Antonio ciertamente era un hombre muy agradable y conversador, de mirada profunda y rostro interesante, con rasgos del oriente medio o quizás marroquí, y por su atuendo se notaba que el éxito no le era esquivo.
Las horas pasaban y casi al filo de las dos de la madrugada las manos de Antonio comenzaron a ganar terreno y confianza en Purificación que ya superaba la decena de Orange´s Dream, se sentía como en un teatro en donde ella era el publico que miraba una obra en la que ella misma era la protagonista, estaba confundida y a la vez extasiada con las caricias, los piropos y los besos de Antonio, se sentía deseada y con ganas de ser tocada, desnudada y amada.
Después de administrarle el sedante, Domingo salio apresurado de la habitación, eran casi las tres y le tocaba el cambio de guardia, y hoy especialmente estaba apurado; no quería llegar tarde a la cita con Gloria, David miro la figura del enfermero salir, olvidando cerrar la puerta con llave… permaneció callado y quieto esperando que no hubiese nadie en el pasillo, luego salio descalzo, era la oportunidad que había estado esperando y solo podían ocurrir dos cosas; o moría en el intento o escapaba hacia la libertad.
La imagen de David estrellando su cabeza contra el piso después de haberse lanzado desde el piso seis por el ducto de servicio de la lavandería, esperando encontrar abajo un contenedor de ropa, despertó sudorosa y sobresaltada a Purificación. Se encontraba sola en una habitación que obviamente era de un hotel, estaba desnuda y su ropa tirada por toda la habitación; miro su reloj y eran casi las siete de la mañana, se asomo al balcón para darse cuenta que se encontraba en un hotel que esta justo al frente del Lunabar, su Peugeot rojo aun estaba estacionado en donde lo dejo; se vistió rápidamente, tomo su bolso, se puso unas gafas oscuras para ocultar los estragos de la noche y se marcho.
Camino a casa los nervios la traicionaban, iba llena de temores y de culpas, se detuvo en una plaza cercana a su casa para acicalarse un poco y borrarse los rastros de la noche, abrió su bolso para sacar su estuche de maquillaje y se encontró un fajo de billetes que ella no había puesto allí, los guardo nuevamente se empolvo un poco y continuo su camino.
El Lunabar se encontraba solo, no habia clientes, solo algunas mujeres se paseaban por el bar; Purificación se encontraba al fondo en su lugar de siempre y al lado de su amigo Beto —el pequeño hombrecito de grotesca boca —. —Como hemos cambiado Purificación, nos estamos poniendo viejos y esto sigue igual, quien iba a pensar que aquel día hace ya diez años cambiaria tu vida, —dijo Beto con su voz chillona y su mano derecha apoyada en el muslo de Purificación. —si Beto todos los días de mi vida recuerdo ese día, y cada sábado en la mañana me he dicho a mi misma que no debo volver… ¿y sabes que, Beto?, he tenido suerte, algún día mi familia lo va a saber, esto no se puede tapar toda la vida, —dijo con la mirada perdida mientras estrechaba la mano de su amigo… Beto te voy a hacer una propuesta, —continúo diciendo Purificación acercándose más y hablando al oído de su amigo, —te voy a complacer en algo que siempre has querido. — ¿y que será?, —dijo Beto interrumpiéndola. —Quiero ir a la cama contigo, —susurro Purificación al oído de un incrédulo Beto que dibujaba una amplia sonrisa en su rostro.
El Lunabar sigue con sus puertas abiertas, y mas allá de sus puertas se perdieron los sueños, quedaron solo las ilusiones, sus personajes son solo títeres de una noche que no perdona, de una calle que quiere ser transitada, de un trago que espera ser bebido y una cuenta que debe ser cancelada. Purificación aun sigue allí, más vieja y con el encanto ya perdido, si un sábado en la noche te acercas, allí la encontraras, ahora camina despacio, muy despacio.©
Cuando Purificación cobro el suficiente valor para enfrentar a su madre y decirle que ella no quería ser una monja, y que había decidido servir a dios de otra forma, y no como ella esperaba, la reacción de esta no fue otra que el silencio, y que clase de silencio, el mas largo de todos, no le habló durante casi un año, hasta que aconsejada por vecinos y amistades, decidió un día acercarse y sentarse junto a ella a los pies de un frondoso apamate.
—Hija, ¿Que quieres de la vida? —dijo María Gracia a una Purificación que no salía de su asombro.
—Ser feliz —, respondió Purificación con mucha seguridad
—y para ti, ¿Qué es ser feliz?
—Ponerme un uniforme blanco y caminar por los pasillos de un hospital atendiendo enfermos, esa también es una forma de servir a dios, ¿no lo crees así mamá? —dijo Purificación ante el asombro de su madre.
Maria Gracia permaneció callada sin poder decir palabra, era la primera vez que escuchaba a su hija hablarle con tal convicción, y en ese momento sintió que contra eso no podía luchar.
Los años hicieron de Purificación una gran enfermera, lo que le ganó un puesto en un hospital de la capital. Los días de muchacha de provincia llegaban a su fin, y los días de mujer soltera también. José no era el más atractivo, pero a los ojos de purificación ese hombre que temblaba como un niño mientras ella le limpiaba una herida que se hiciera en un accidente de cocina, era lo suficientemente interesante y dueño de unas cualidades que lo convertían en el ideal de padre de familia que ella siempre imagino para sí. José se convirtió en su novio y tiempo después en su esposo, eran una pareja con un futuro prometedor; el un aventajado abogado y ella una gran enfermera con un empleo estable.
Todo transcurría felizmente en el hogar de Purificación y José, los hijos no tardaron en venir; Manuel y trinidad se llamaron los vástagos de la feliz pareja, lejos quedaron los años de nuestra señora en su natal pueblo de provincia. Los días de Purificación ahora eran muy activos; se levantaba muy temprano en la mañana, preparaba el desayuno de los niños y el de José, luego se despedía amorosamente de su marido y partía con los pequeños rumbo al colegio, mas tarde en su pequeño auto francés conducía hasta el hospital geriátrico en donde ya había alcanzado el rango de jefa de enfermería del piso cuatro, donde se encontraban los ancianos con enfermedades terminales. El fin de la jornada no era muy diferente; llegaba a casa a preparar la cena, revisar la tarea de los niños, escuchar historias de litigios que José le contaba, después a la cama, y si José se animaba, algo de sexo, pero casi siempre muy rápido para el apetito de purificación.
Con el tiempo la rutina fue haciendo mella en el animo de Purificación, se sentía inmersa en un ciclo que se repetía día a día, no había cambios, José cada día tenia mas trabajo y menos tiempo para ella…, hasta que un día que no parecía ser diferente a los demás, ocurrió algo que cambiaria todo. Una vez al mes y quizás para congraciarse con el recuerdo de su madre, y para reconciliarse con su fe católica, purificación destinaba un sábado por la noche al mes al cuidado gratuito de enfermos en el hospital psiquiátrico, ese sábado no parecía ser diferente al anterior ni al que le precedió, salvo por lo que después ocurrió… El camino al hospital fue particularmente largo, estaba lloviendo y había un trafico desquiciante, y ya en el hospital las cosas no fueron muy diferentes, al franquear la puerta principal se encontró con una vieja amiga de la infancia con la que no le gustaba toparse; era también enfermera y se había casado con un eminente cirujano plástico que había hecho de ella un clon de Sofía Loren en sus veinticinco años, era el tipo de mujer que disfrutaba presumiendo de lo que tenia, y esto le era mucho mas placentero si su interlocutora era Purificación.
—Hola Puri, te conservas muy bien a pesar de tu edad, —dijo cecilia mientras miraba a purificación de arriba abajo.
—Y tu como siempre tan natural y tan amable Ceci, —contesto Purificación tratando de mostrar su sonrisa mas irónica.
Ya en el elevador Purificación se sintió mas aliviada, sobretodo por la ausencia de Cecilia su vieja y nada querida amiga, el numero seis se ilumino en el panel de control, y fue como si una señal de alarma se hubiese activado; ¿Cómo estará el animo de David?, —se preguntaba Purificación, pensando en el enfermo que le tocaba cuidar esa noche. David era paranoico y esquizofrénico, normalmente estaba sedado, pero con frecuencia se encontraba muy lucido, cosa que era preocupante. Pero definitivamente este era un día extraño en la vida de Purificación, al acercarse al cubículo de seguridad para solicitar acceso a la habitación de David, el oficial de seguridad que ya le conocía le informo que David ya no estaba con ellos ni lo estaría nunca mas, pues se había suicidado… esto dejo sorprendida a Purificación, pues en medio de todo ya le tenia mucho afecto, pero mucho mas se sorprendió cuando el gendarme le contó como había sido.
Ya en su auto y fuera del hospital Purificación seguía pensando en las razones que habría podido tener David para hacer lo que hizo y de la forma en que lo hizo; ¿Pero quien conoce las razones de la locura? —se preguntaba Purificación, como poniendo punto final con una interrogante que no tendría respuesta.
Ya había dejado de llover y para calmar los nervios que ya tenia crispados, Purificación decidió dar un paseo en su coche, para quizás relajarse y no llegar tan temprano al tedio en que se había convertido su hogar; la avenida del boulevard estaba poco transitada, eran ya pasadas las ocho y la lluvia había ahuyentado a la fauna nocturna que solía desfilar por las aceras empedradas, solo algunos borrachos y prostitutas habían iniciado su ronda… el aviso luminoso que rezaba Lunabar, llamo la atención de Purificación, paso lentamente al frente y le pareció un sitio decente.
Purificación bebía muy poco, lo hacia en reuniones sociales y siempre en compañía de su esposo, pero esta noche como ninguna otra en su vida quería estar sola y beberse unos tragos sin mas compañía que la de su copa, sin embargo no podía evitar sentir algo de temor ante el hecho de entrar sola a un sitio nocturno, pero finalmente las ganas pudieron más que los temores y se decidió a pasar… El Lunabar era uno de esos lugares ya entrado en años y frecuentado por hombres en busca de sexo, y por mujeres en busca de hombres que pagasen algo por un rápido encuentro de pieles y un poco de sudor, Purificación cruzo el portal ante la mirada incisiva y escrutadora del portero, al que le pareció extraña la presencia de una mujer muy recatada, atractiva y ya contando más de tres décadas, quizás cercana a los cuarenta, —tal vez es una esposa en busca de un marido infiel, —pensó mientras ella se dirigía a un sofá para dos muy bajo que tenia una mesa de vidrio con bordes acolchados y se encontraba al fondo en un rincón poco iluminado y lejos de la barra.
Desde su lugar Purificación tenia una vista privilegiada del lugar, se sentía extraña y le pareció que estaba en un lugar poco recomendable para ella, todas las mujeres que había vestían ropa muy corta y en el peor de los casos transparente y en extremo reveladora, aunque lo que mas le sorprendió fue una mujer negra y muy pero muy gorda que llevaba una falda tan corta que llegaba a revelar parte de su desnudez, tal espectáculo no hizo mas que inflamar los temores de Purificación y provocar en ella un deseo irrefrenable de marcharse, pero el destino no quiso que las cosas fueran así
Ya de pie y dispuesta a marcharse, Purificación observo la figura de un diminuto hombrecito que vestía de mesonero y apuraba el paso hacia ella llevando una bandeja con una copa llena de una bebida color naranja. El hombrecito ciertamente no era un enano, pero estaba en el umbral entre serlo y no serlo, la sonrisa del hombrecito en contraste con su cuerpo era grotesca, su boca era enorme y sus dientes lo eran aun más. —Señora, este trago se lo envía el señor que lleva el traje de tweed allá en la barra, —dijo con una voz infantil y chillona mientras dejaba el trago en la mesa. —Gracias… —dijo Purificación titubeante y sin poder ocultar que la presencia del hombrecito la turbaba. Purificación miro la pequeña figura alejarse de su mesa en dirección al hombre del traje, no sabia si marcharse o sentarse nuevamente y aceptar el trago, finalmente y por no ser descortés decidió tomarse el trago para después largarse.
El Orange´s Dream, trago que Purificación no conocía, tardo poco tiempo en desvanecerse de su copa, y aun sin haberlo terminado el diminuto hombre ya estaba en la mesa con otro igual sin darle tiempo a Purificación de aceptarlo o rechazarlo, lo dejaba en la mesa, hacia girar su pequeña humanidad y volvía a perderse en la oscuridad del bar. —Si había tomado ya uno, dos no eran mucho mas, —pensaba Purificación mientras apuraba su segundo trago. El hombre del traje aun era un misterio a los ojos de Purificación, pues desde su ubicación solo alcanzaba a mirarle la espalda, aunque si podía notar que no era muy alto y que también era un poco obeso y dueño de una incipiente calva; Purificación miraba el reloj para confirmar que aun era muy temprano y no había problema en quedarse un rato mas, —pero, ¿para que? —se preguntaba a si misma sin encontrar una respuesta.
Dos Orange´s Dream mas tarde Purificación comenzaba a sentir el alcohol subiendo a su cabeza y ganándole terreno a su voluntad, era extraño pero a pesar de no sentirse totalmente a gusto en el Lunabar no podía evitar las ganas de quedarse un rato mas… solo cuatro mujeres mas estaban en el sitio, y se encontraban al extremo de la barra y lejos de Purificación, el único cliente era el hombre del traje de tweed, que aun seguía de espaldas en la barra. Los acordes de un mariachi entonando un viejo corrido eran los únicos que rompían el silencio en el bar, Purificación permanecía sentada sumida en sus pensamientos, sintiéndose incluso un poco culpable por encontrarse allí en ese sitio que obviamente no era para una mujer como ella, y mientras esto ocurría no alcanzo a mirar que el hombre de la barra, quien le había estado enviando tragos se dirigía hacia ella.
La voz grave aunque ahogada un poco por el ruido de la música sorprendió a Purificación que se hallaba ensimismada en sus pensamientos, —buenas noches, me puedo sentar, —dijo el hombre del traje de tweed, mostrando una mirada amable y sincera. —Si, siéntese allí, —Respondió Purificación con el semblante tenso y mostrando una sonrisa nerviosa, — ¿usted como se llama?, —pregunto el hombre mientras tomaba asiento a su lado. —Purificación, me llamo Purificación, —dijo casi sin atreverse a mirarle el rostro. —es un nombre interesante, si, muy interesante, sobre todo tratándose de este lugar, —dijo el hombre del traje de tweed mientras observaba la esquiva mirada de la mujer que tenia al frente. — ¿Por qué lo dice?, —pregunto Purificación, esta vez con mas confianza y mirándole a los ojos. —La pureza no es algo que abunde por acá, —contesto, desviando la mirada hacia el escocés que sostenía en la mano derecha.
Las copas y la oscuridad del Lunabar se convirtieron en acogedor escenario para Purificación, que ya se comenzaba a sentir a gusto aunque algo inquieta por la presencia del hombre del traje de tweed. —siéntase cómoda, mi nombre es Antonio y soy un viejo cliente de este bar, y conmigo esta segura, —agrego tratando de ganar la confianza de Purificación. —Esta bien, lo que pasa es que no suelo frecuentar
estos sitios, —dijo Purificación mientras la imagen de su José que estaba en casa acudía a ella en forma perturbadora. La conversación y el alcohol no paraban entre Purificación y Antonio, bastaba que solo quedase un tercio del contenido en la copa, para que con prontitud el hombrecito de grotesca boca acudiese a la mesa con otra llena. Antonio ciertamente era un hombre muy agradable y conversador, de mirada profunda y rostro interesante, con rasgos del oriente medio o quizás marroquí, y por su atuendo se notaba que el éxito no le era esquivo.Las horas pasaban y casi al filo de las dos de la madrugada las manos de Antonio comenzaron a ganar terreno y confianza en Purificación que ya superaba la decena de Orange´s Dream, se sentía como en un teatro en donde ella era el publico que miraba una obra en la que ella misma era la protagonista, estaba confundida y a la vez extasiada con las caricias, los piropos y los besos de Antonio, se sentía deseada y con ganas de ser tocada, desnudada y amada.
Después de administrarle el sedante, Domingo salio apresurado de la habitación, eran casi las tres y le tocaba el cambio de guardia, y hoy especialmente estaba apurado; no quería llegar tarde a la cita con Gloria, David miro la figura del enfermero salir, olvidando cerrar la puerta con llave… permaneció callado y quieto esperando que no hubiese nadie en el pasillo, luego salio descalzo, era la oportunidad que había estado esperando y solo podían ocurrir dos cosas; o moría en el intento o escapaba hacia la libertad.
La imagen de David estrellando su cabeza contra el piso después de haberse lanzado desde el piso seis por el ducto de servicio de la lavandería, esperando encontrar abajo un contenedor de ropa, despertó sudorosa y sobresaltada a Purificación. Se encontraba sola en una habitación que obviamente era de un hotel, estaba desnuda y su ropa tirada por toda la habitación; miro su reloj y eran casi las siete de la mañana, se asomo al balcón para darse cuenta que se encontraba en un hotel que esta justo al frente del Lunabar, su Peugeot rojo aun estaba estacionado en donde lo dejo; se vistió rápidamente, tomo su bolso, se puso unas gafas oscuras para ocultar los estragos de la noche y se marcho.
Camino a casa los nervios la traicionaban, iba llena de temores y de culpas, se detuvo en una plaza cercana a su casa para acicalarse un poco y borrarse los rastros de la noche, abrió su bolso para sacar su estuche de maquillaje y se encontró un fajo de billetes que ella no había puesto allí, los guardo nuevamente se empolvo un poco y continuo su camino.
El Lunabar se encontraba solo, no habia clientes, solo algunas mujeres se paseaban por el bar; Purificación se encontraba al fondo en su lugar de siempre y al lado de su amigo Beto —el pequeño hombrecito de grotesca boca —. —Como hemos cambiado Purificación, nos estamos poniendo viejos y esto sigue igual, quien iba a pensar que aquel día hace ya diez años cambiaria tu vida, —dijo Beto con su voz chillona y su mano derecha apoyada en el muslo de Purificación. —si Beto todos los días de mi vida recuerdo ese día, y cada sábado en la mañana me he dicho a mi misma que no debo volver… ¿y sabes que, Beto?, he tenido suerte, algún día mi familia lo va a saber, esto no se puede tapar toda la vida, —dijo con la mirada perdida mientras estrechaba la mano de su amigo… Beto te voy a hacer una propuesta, —continúo diciendo Purificación acercándose más y hablando al oído de su amigo, —te voy a complacer en algo que siempre has querido. — ¿y que será?, —dijo Beto interrumpiéndola. —Quiero ir a la cama contigo, —susurro Purificación al oído de un incrédulo Beto que dibujaba una amplia sonrisa en su rostro.
El Lunabar sigue con sus puertas abiertas, y mas allá de sus puertas se perdieron los sueños, quedaron solo las ilusiones, sus personajes son solo títeres de una noche que no perdona, de una calle que quiere ser transitada, de un trago que espera ser bebido y una cuenta que debe ser cancelada. Purificación aun sigue allí, más vieja y con el encanto ya perdido, si un sábado en la noche te acercas, allí la encontraras, ahora camina despacio, muy despacio.©























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