La Mujer Que Conoci
Viéndolo desde afuera el sitio parecía vacío, pero tras abrir la puerta el ruido de la muchedumbre y el humo del cigarrillo aturdían los sentidos, camine despacio hasta la barra, evitando tropezar con los que ya se tambaleaban y daban traspiés, apure el paso tratando de conseguir esa silla que parecía sola y estaba justo en el centro y a un lado del sifón. Casi al tiempo en que alcanzo la silla una mujer de tez blanca, cabello negro y grandes ojos también negros se sentó en ella, yo simplemente me hice a un lado haciendo un ademán de cortesía, cosa que a ella pareció serle indiferente, después de varios intentos de comunicarme con el barman al fin lo logre y le pedí un escocés con soda, al tiempo que ella parecía entretenerse jugueteando con la sombrilla de papel que decoraba su margarita.
Ya con mi escocés en la mano, previa espera de incontables minutos, sentí la irrenunciable necesidad de acercarme a esa mujer que parecía tenerlo todo menos compañía; sin embargo decidí esperar... tiempo después y durante la ingesta del segundo trago, cobre el animo suficiente para abordarla, y creo que lo hice con torpeza, use el conocidísimo "¿Que hace una mujer tan bella como tu en un lugar como este?"; la sonrisa de esa hermosa mujer no se hizo esperar, le pareció muy gracioso el que me le acercara con una frase tan gastada, entonces me di cuenta que esa entrada atropellada había dado un buen resultado; mi siguiente paso no se hizo esperar, le invite otra margarita y yo me pedí otro, on the rocks, esta vez la sonrisa que me obsequio no me dejo ninguna duda, esa mujer definitivamente era mía.
En la medida en que transcurrían los minutos esa mujer me cautivaba mas y mas, su conversación era deliciosa, su sonrisa genuina y fresca, su fragancia de mujer me hipnotizaba, tenia que ser mía, no podía perder esa oportunidad... luego de muchas margaritas y muchos escoceses las cosas comenzaron a fluir como yo quería, ella respondía positivamente a mis halagos, devolviéndome sonrisas y miradas llenas de coquetería, decidí dar el siguiente paso y pedirle que fuera mía, que su atractivo me era irresistible.
Las horas pasaban y los temas de conversación cambiaban, de las generalidades que decimos cuando recién conocemos a alguien; al dialogo intimo de un hombre que seduce y una mujer que se deja seducir, quería tenerla, su mirada era de fuego, su sonrisa de ángel, sus caderas parecían reclamar el roce de otra piel; le pedí que fuera mía, y me dijo que la llevara a la cama; nos pedimos un trago mas y me dejo probar sus labios, le pedí que nos fuéramos y me dijo que si, que le esperase mientras iba al tocador; la mire mientras caminaba, era una mujer deliciosa, parecía que todos la miraban a ella, lucia como la dueña de la escena, como la princesa del lugar.
pedí la cuenta y otro trago mientras esperaba por ella, el bartender me dijo que yo era un hombre con suerte, y me comento que era la primera vez que esa mujer visitaba el lugar; se llama Isabel le comente, sin darle mas detalles, pasaron como diez minutos y ella no aparecía, comencé a preocuparme, quizás algo podría haberle pasado pero decidí darle cinco minutos mas, a veces las mujeres se demoran mas de la cuenta en el tocador y ella de seguro se esmera en su arreglo... continué hablando con el bartender de lo que siempre se habla con ellos, de mujeres, de la vida, de tragos, y otra vez de mujeres, mire el reloj y me preocupe aun mas, ya habían pasado quince minutos, de hecho diez mas de los que había pensado, entonces decidí hacer algo, llame a una de las meseras y le pedí que por favor fuese al tocador y viese que pasaba con mi chica.
Minutos después y con cara de indiferencia la mesera se acerco y me dijo que en el tocador solo había una mujer ebria tratando de apuntar con el labial en el sitio correcto, aunque casi siempre se pintaba el mentón y las mejillas, yo decidí cerciorarme, y le pedí que me permitiese mirar por mi mismo... después de pensarlo y muy a su pesar al fin accedió. Corrí al tocador para encontrarme con la misma mujer ebria que aun parecía no dar con el sitio correcto, por segundos o no se si minutos me sentí paralizado, ella no estaba, recorrí varias veces todo el lugar incluso el baño de caballeros y no la conseguí, salí a la calle a buscarla, y el portero junto a varios meseros me dieron alcance para reclamarme el pago de la cuenta, yo me encontraba obnubilado, confundido, y casi sin pensar me metí las manos en los bolsillos, saque la billetera y le entregue la tarjeta al bartender que también había salido, tal vez para enterarse si yo había logrado huir.
Durante un mes acudí a diario a la calle donde esta ese bar, para encontrarme siempre con la marquesina de neon opaco que anuncia la entrada del Bigpub, nunca la volví a ver, a veces me paraba en la esquina solo a mirar la entrada del bar, otras veces entraba y me tomaba unos tragos, y algunas veces recorría los bares cercanos para encontrar siempre alguna silla vacía, y nunca una con ella al lado.
No se porque se fue, puede que ese haya sido su plan, o tal vez se sintió mal y no quiso decirlo, o era una esposa tratando de ser infiel sin poderlo ser, o era un hombre y ante la posibilidad de verse descubierto huyo; si fue así se lo agradezco, pero esa es la posibilidad mas remota. Solo se que quiero verla, con el tiempo la olvidare, mejor dicho, olvidare la urgencia de verla, de tenerla, y me quedare con el recuerdo de una noche en la que creí tocar el cielo y no lo toque.©
Ya con mi escocés en la mano, previa espera de incontables minutos, sentí la irrenunciable necesidad de acercarme a esa mujer que parecía tenerlo todo menos compañía; sin embargo decidí esperar... tiempo después y durante la ingesta del segundo trago, cobre el animo suficiente para abordarla, y creo que lo hice con torpeza, use el conocidísimo "¿Que hace una mujer tan bella como tu en un lugar como este?"; la sonrisa de esa hermosa mujer no se hizo esperar, le pareció muy gracioso el que me le acercara con una frase tan gastada, entonces me di cuenta que esa entrada atropellada había dado un buen resultado; mi siguiente paso no se hizo esperar, le invite otra margarita y yo me pedí otro, on the rocks, esta vez la sonrisa que me obsequio no me dejo ninguna duda, esa mujer definitivamente era mía.
En la medida en que transcurrían los minutos esa mujer me cautivaba mas y mas, su conversación era deliciosa, su sonrisa genuina y fresca, su fragancia de mujer me hipnotizaba, tenia que ser mía, no podía perder esa oportunidad... luego de muchas margaritas y muchos escoceses las cosas comenzaron a fluir como yo quería, ella respondía positivamente a mis halagos, devolviéndome sonrisas y miradas llenas de coquetería, decidí dar el siguiente paso y pedirle que fuera mía, que su atractivo me era irresistible.
Las horas pasaban y los temas de conversación cambiaban, de las generalidades que decimos cuando recién conocemos a alguien; al dialogo intimo de un hombre que seduce y una mujer que se deja seducir, quería tenerla, su mirada era de fuego, su sonrisa de ángel, sus caderas parecían reclamar el roce de otra piel; le pedí que fuera mía, y me dijo que la llevara a la cama; nos pedimos un trago mas y me dejo probar sus labios, le pedí que nos fuéramos y me dijo que si, que le esperase mientras iba al tocador; la mire mientras caminaba, era una mujer deliciosa, parecía que todos la miraban a ella, lucia como la dueña de la escena, como la princesa del lugar.
pedí la cuenta y otro trago mientras esperaba por ella, el bartender me dijo que yo era un hombre con suerte, y me comento que era la primera vez que esa mujer visitaba el lugar; se llama Isabel le comente, sin darle mas detalles, pasaron como diez minutos y ella no aparecía, comencé a preocuparme, quizás algo podría haberle pasado pero decidí darle cinco minutos mas, a veces las mujeres se demoran mas de la cuenta en el tocador y ella de seguro se esmera en su arreglo... continué hablando con el bartender de lo que siempre se habla con ellos, de mujeres, de la vida, de tragos, y otra vez de mujeres, mire el reloj y me preocupe aun mas, ya habían pasado quince minutos, de hecho diez mas de los que había pensado, entonces decidí hacer algo, llame a una de las meseras y le pedí que por favor fuese al tocador y viese que pasaba con mi chica.
Minutos después y con cara de indiferencia la mesera se acerco y me dijo que en el tocador solo había una mujer ebria tratando de apuntar con el labial en el sitio correcto, aunque casi siempre se pintaba el mentón y las mejillas, yo decidí cerciorarme, y le pedí que me permitiese mirar por mi mismo... después de pensarlo y muy a su pesar al fin accedió. Corrí al tocador para encontrarme con la misma mujer ebria que aun parecía no dar con el sitio correcto, por segundos o no se si minutos me sentí paralizado, ella no estaba, recorrí varias veces todo el lugar incluso el baño de caballeros y no la conseguí, salí a la calle a buscarla, y el portero junto a varios meseros me dieron alcance para reclamarme el pago de la cuenta, yo me encontraba obnubilado, confundido, y casi sin pensar me metí las manos en los bolsillos, saque la billetera y le entregue la tarjeta al bartender que también había salido, tal vez para enterarse si yo había logrado huir.
Durante un mes acudí a diario a la calle donde esta ese bar, para encontrarme siempre con la marquesina de neon opaco que anuncia la entrada del Bigpub, nunca la volví a ver, a veces me paraba en la esquina solo a mirar la entrada del bar, otras veces entraba y me tomaba unos tragos, y algunas veces recorría los bares cercanos para encontrar siempre alguna silla vacía, y nunca una con ella al lado.
No se porque se fue, puede que ese haya sido su plan, o tal vez se sintió mal y no quiso decirlo, o era una esposa tratando de ser infiel sin poderlo ser, o era un hombre y ante la posibilidad de verse descubierto huyo; si fue así se lo agradezco, pero esa es la posibilidad mas remota. Solo se que quiero verla, con el tiempo la olvidare, mejor dicho, olvidare la urgencia de verla, de tenerla, y me quedare con el recuerdo de una noche en la que creí tocar el cielo y no lo toque.©























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